Miren, les voy a ser honesto: cuando empecé a usar Toradol hace veinte años en la guardia del Hospital Clínico, no tenía ni idea de la cantidad de matices que este fármaco escondía. Me acuerdo de una señora de 58 años, doña Marta, que llegó con un cólico renal que la tenía retorciéndose en la camilla. Le pusimos 30 mg de ketorolaco IM y en quince minutos estaba sentada, tomando agua, casi riéndose.