Mire, voy a ser honesto con usted desde el principio. Cuando empecé en nefrología a finales de los 90, el manejo del fósforo en pacientes con enfermedad renal crónica era una pesadilla. Usábamos quelantes a base de calcio que, sí, funcionaban, pero a costa de empeorar la calcificación vascular. Recuerdo a don Roberto, un paciente de 62 años con diálisis peritoneal, que llegó con calcifilaxis en etapa temprana. Tenía el calcio sérico por las nubes y el fósforo igual.