Miren, les voy a ser honesto: cuando empecĂ© mi residencia en gastroenterologĂa a finales de los 90, la ranitidina era casi sagrada. La recetábamos como si fuera agua, para todo: acidez, Ăşlceras, reflujo, hasta para la gastritis por estrĂ©s en UCI. Y funcionaba. Pero luego vino todo el escándalo de las nitrosaminas, las retiradas masivas, y de repente este fármaco que habĂa sido un pilar se convirtiĂł en un fantasma.