Quibron-T es un nombre que me trae recuerdos de mis primeros años como residente en neumología. No era un fármaco nuevo ni revolucionario, pero sí representaba una herramienta pragmática y bien tolerada para un problema clínico muy frecuente: la broncoconstricción con componente de hipersecreción mucosa. En aquel entonces, recuerdo haberlo recetado a Don Manuel, un carpintero de 67 años, exfumador, con EPOC estable pero que cada tres o cuatro semanas terminaba en urgencias por “bronquitis aguda”.