Mire, he recetado Noroxin durante más de veinte años, y todavía recuerdo el primer caso que me hizo apreciar realmente este fármaco. Era una señora de 67 años, María Elena, con infecciones urinarias recurrentes que la tenían al borde de la desesperación. Había probado trimetoprim-sulfametoxazol, nitrofurantoína, incluso amoxicilina-ácido clavulánico. Nada funcionaba por más de tres semanas. Cuando le receté norfloxacino, recuerdo que ella misma se mostró escéptica — “otra pastilla más”, dijo.