Mire, voy a ser honesto con usted desde el principio. Cuando empecé a recetar Namenda hace unos quince años, no estaba completamente convencido. La literatura era prometedora, sí, pero en neurología hemos visto tantas promesas incumplidas que uno desarrolla un escepticismo saludable. Pero con el tiempo, y después de cientos de pacientes, he llegado a respetar este fármaco por lo que es: no una cura milagrosa, sino una herramienta valiosa en el manejo de una enfermedad devastadora.