Mira, déjame ser honesto contigo desde el principio. El diclofenac gel no es el milagro que la industria farmacéutica quiere que creas, pero tampoco es un placebo caro. Llevo 22 años recetando antiinflamatorios y he visto de todo: pacientes que juran que el gel les cambió la vida, y otros que podrían haberse embadurnado con mayonesa y haber obtenido el mismo resultado. La verdad, como casi siempre, está en el medio.