Mira, voy a ser honesto desde el principio. El cloranfenicol es uno de esos fármacos que te enseñan en la facultad con respeto, casi con miedo. Y con razón. Pero también es un medicamento que, usado correctamente, sigue salvando vidas en contextos muy específicos. No es un antibiótico de primera línea, jamás lo recomendaría para una faringitis o una infección urinaria. Pero cuando te enfrentas a una meningitis por Haemophilus influenzae en un paciente alérgico a beta-lactámicos, o a una fiebre tifoidea complicada, ahí es donde este viejo caballo de batalla demuestra su valía.