Miren, les voy a ser honesto. Cuando empecé a ver pacientes con disfunción eréctil hace veintitantos años, lo primero que hacía era recetar sildenafil o tadalafil y listo. Pero con el tiempo, y después de ver a cientos de hombres que no respondían bien, que tenían efectos secundarios, o que simplemente no querían tomar “esa pastilla azul”, empecé a buscar alternativas. Y ahí fue cuando tropecé con algo que en ese entonces me pareció casi demasiado simple para ser cierto: la combinación de L-citrulina y L-arginina.